Un viaje muy esperado

Ustedes saben cuanto me gusta viajar; en serio es una de las cosas que más disfruto de la vida; desde que fui económicamente independiente supe que mi dinero era para eso; descubrir lugares, probar comidas diferentes, comidas raras, experimentar choques culturales y compartir todas estas experiencias con quienes amo.

Siento que viajar es una de las pocas experiencias que permanecen en nosotros, nos cambian, te hacen pensar diferente, nos hacen ver nuestro entorno con un punto de vista externo y aunque parezca un poco contradictorio; nos hacen amar más el lugar donde vivimos o al cual pertenecemos.

Desde hace unos meses mi Mamá me dijo que tenía muchas ganas de conocer Teotihuacan, antes de que le fuera prácticamente imposible subir las pirámides del sol y de la luna, cabe mencionar que mi Mamá realmente disfruta los lugares históricos, mucho más cuando estos lugares tienen que ver con nuestra cultura ancestral; en este caso Teotihuacan fue por mucho el centro de la cultura Azteca y por lo tanto un lugar muy importante en nuestro país.

Mi Mamá esta a punto de jubilarse y desde hace unos años para acá me he encargado, poco a poco y de manera sigilosa, de empaparla del deseo por viajar, por descubrir, por experimentar lugares diferentes y de conocer más visitando lugares distantes; y parece ser que le está gustando demasiado. Tanto que me ha dicho que cuando esté jubilada será una de las actividades en las cuales pasará su tiempo libre. ¡Excelente!

Quise darme el lujo de tener un viaje a solas con mi Mamá, parece imposible pero nunca lo habíamos hecho; es decir solos, Ella y Yo; disfrutando de una de las ciudades más grandes del mundo, CDMX. Ya sé que parece imposible que una ciudad tan grande llena de problemas de tráfico y llena de gente, llena de caos, se pueda disfrutar; y no solo la disfrutamos, sino que nos encantó.

Para mi Mamá Teotihuacan fue toda una experiencia, desde las artesanías, el museo y experimentar cada una de las tres pirámides, verlas de cerca, caminar por los senderos, subir a cada una de ellas, etc. Fue algo que tenía muchísimas ganas de experimentar y al final lo estaba haciendo. Verla subir las pirámides con tal emoción, tanto que parecía que no se cansaba.

En fin, definitivo fue una buena experiencia, darse el tiempo y tener el honor de pasar tiempo de calidad con mi Mamá solos ella y yo, ¡Que lujo! Ojalá sean muchos viajes más, así.

¿A dónde será el próximo? Con esas palabras cerró el viaje mi Mamá de regreso a casa.

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